Año nuevo, Vida nueva.
Llegue a mi casa después de un agotador día de trabajo el viernes 30 de diciembre de 2005, mi señora me esperaba despierta, cosa rara, pues sabe que en el trayecto del trabajo a la casa, y sobretodo los viernes, me paso a comprar una botella de pisco que me bebo en el camino, de preferencia puro. El gas de la bebida me hace mal.
Le pregunte que cual era la buena nueva, que porqué me esperaba despierta y vestida, aún. Me contesto que ya estaba aburrida de mi, que todos los momentos felices que tuvimos (¿cuáles dios mío, cuáles?) se habían ido al carajo y que lo que la retenía conmigo eran única y exclusivamente los niños.
Le dije, envalentonado por la media botella de pisco puro de 43º que me había bebido en la micro, que si ella quería me iría, los dejaría viviendo ahí tranquilos y que mes a mes le vendría a dejar el dinero mensual para el Pablo y la rosita. Como era de esperarse su negativa fue rotunda; cuantas veces ya le había cantado el mismo bolero para sólo perderme en la bebida, el juego y las mujeres por un par de semanas y volver a la casa como el perro arrepentido y más encima planchado, sin un peso en los bolsillos, odioso y pidiendo comida. Algunas veces como Dios me tiró a este mundo.
Discutimos toda la noche como tantas otras, pero esta vez era diferente, en mi interior había una lucecita que me decía cuidado, sé paciente, tú eres el culpable de todo este embrollo que se ha formado de un tiempo hasta ahora, mas mientras más lo pensaba, más hirientes se volvían mis palabras, mis burlas, más la denigraba, hasta que rompió en un llanto brutal y desgarrador, su cara desfigurada por el llanto, la hacía verse más vieja y fea que nunca. De pronto, sin aviso previo, se paro y dio por terminada la conversación en forma dictatorial y unilateral, se metió en la pieza de los niños y ahí nadie la sacó. A está altura, las ganas de hacerle un gran escándalo y abofetearla repetidas veces, eran casi incontenibles, menos mal que me quede en el casi y no fuí capaz de ir a buscarla hasta la pieza de los chicos sólo para golpearla, al fin y a cabo, pensé, los niños no tienen la culpa de los males de sus padres.
Me quedé en el sofá bajando lo que quedaba de pisco y una botella de ron que tenia guardada en la cómoda, pronto la sensación de odio fue cediendo, las ganas de pelear se acabaron y me entregue a la dicha de estar completamente borracho, sin mas, sin moverme, sin ver Tv., sin escuchar radio, el simple y maravilloso hecho de estar sólo y en ebriedad absoluta.
La mañana fue más dura que otras veces, las cefaleas producto de la resaca hace mucho que dejaron de ser simples dolores de cabeza, ahora es un malestar general que la única forma de sacarlo es volviendo a tomar y así, ad-infinitum.
Fui a comprar unas chelitas aprovechando que los niños y mi mujer seguramente-por la hora-.aún dormían en el cuarto de los primeros. Dentro de la farmacia, el farmacéutico me pegó el primer empujoncito hacia el abismo;
- Wena compare, Salió temprano la bruja ah, paso por acá a cómprarle unos helados al Diego y a la Ro.
- No creo Gancho, le espeté con extrañeza. Mi señora esta en casa durmiendo aun.
El encargado de la botica se encoge de hombros, como diciendo no sé nada yo compadre, mientras él, el muy idiota, trata de dar cuenta de la magnitud de la noticia ; su mujer se larga y lo abandona en vísperas de Año Nuevo, significativa fecha, año nuevo vida de perros; mi mundo se destruye, años tirados a la basura, al tarro de alcohol, bebestible, a la sucia vida clandestina, insalubre. Las imágenes pasan como luces de metro, esas de neón azul o blanco que alumbran la altura por la que se va pasando, como fuegos artificiales en una noche de año nuevo, como su mujer y sus hijos pasan por su vida y por más que intente detenerlos no se detienen, ya no están, ya están tomando el bus o el avión o quizá el barco que se los llevará a un lugar remoto y recóndito. ¿Pero Dónde, cómo señor, cómo?
Mientras estos pensamientos inundan mi cabeza, como autómata meto las chelas en la mochila y me devuelvo a casa, quiero confirmar la fuga (ya que no tiene otro nombre).
Llega a su casa como alma en pena, como perro sin pulgas, triste y desamparado como bebé en el desierto. Solo y aturdido, le falta aire y le sobran las ideas que le atiborran la cabeza como un globo lleno de helio, se siente desesperanzado, raro, nunca tuvo mayores esperanzas de nada. Confirma lo inevitable; se han ido, no está su ropa, su olor, su femineidad que inundaba la casa a diario, no están los niños correteando por ahí, no esta su vida, se siente amargado. De pronto frente al espejo, ve un viejo borracho y miserable, representa 60 y tiene 35. Por lo menos los represento, piensa mientras se peina frente al espejo, ya que nunca llegaré a aquellos.
Mientras me veia en el espejo pensaba en lo que siempre me dijo mi viejo; Julián, a lo hecho pecho.Fuí rapidamente a la botillería a buscar provisiones, sería un largo año nuevo.
llegue de vuelta (otra vez) a mi casa. Abrí la puerta. También abrí la primera botella y el olor a alcohol me cobijo cuan pesebre al cristo.
Brinde en nombre de la familia y me trague media botella de pisco al seco, acto seguido bebí un sorbito de bebida, para pasar el elixir. Poco a poco la realidad se fue derrumbando.
Despertó el 1º de enero de 2006 todo meado y cagado, hediondo, fétido, infecto.
Se metió a la ducha con ropa y todo, después de un rato bajo el agua, mientras se sacaba en la misma tina la ropa a medio podrir, se sintió un poco más libre, cualquier cosa vale la pena para vivir pensó, una botella de pisco, un par de jeans raidos, un perro callejero, un puente.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home