No lo podía creer, la mirada le caía sobre una luz tenue y brillante, sus grandes manos armadas de cuchillas filosas se acercaban cada vez más a su adversario de turno, el mono grande, como le apodaban en la peni. En los días de cárcel que llevaba acumulados como millas vuelos en su cuenta personal, varias veces le había tocado pelea con algún otro interno del penal, mas hoy era diferente, ya no tenia a la mayoría del penal como otras veces detrás de su cuerpo, alentandolo, apoyandolo, prestándole ropa, ahora sólo un puñado de internos, veinte a lo sumo, seguían sus pasos y lo hacían atemorizados, sin la convicción de la victoria de otras gloriosas jornadas de muerte y sangre, sin la furia de los gladiadores. Lo seguían por amistad y por compasión, por lealtad, por miedo a que ganase y ellos no hibiesen estado allí. Que sólo fuese al enfrentamiento con veinte soldados significaba que el mono grande venia de la otra ala de la penitenciaria con a lo menos cincuneta soldados detrás de él, armados con estoques, punzones y algunos fierros hechizos, pero eso no era lo que más le desagradaba, lo que no le gustaba, era que en caso de ganar la primera pelea cuerpo a cuerpo, uno a uno, tendría que pelear en masa y eso no le gustaba ni mucho menos, sino todo lo contrario, le daba pavor, pues sólo contra otro oponente, cualquiera que este fuese, no habría problema, era buen luchador; frío y sin ningún tipo de remordimiento, capaz de matar incluso a un oponente ya vencido y desarmado, mas las batallas campales dentro de la prisión daban ese preciso espacio a una puñalada por la espalda, el azar de un balazo, la patada en la cara de alguien que creias tu soldado, un sin fin de hechos que no tenían orden ni tiempo establecido, todo era casualidad. Y la casualidad era lo que más aterraba a Dagoberto.
Ya cara a cara con el mono grande, vió la salida como cuando los trenes de metro llegan a la estación de turno, como cuando el conductor de un auto ve el final de un tunel, y sin pensarlo dos veces, se deshizo de las cuchillas y del pantalon sacó la bessom 9mm que tenía para las grandes ocasiones y, creánlo, esta era la primera gran ocasión en toda su estadía en california.
A quemarropa le dio tres tiros en la cabeza al mono grande que desfiguraron completamente su rostro, antes de que alguien atinase a moverse, descerrajó los otros doce tiros entre los cinco lugartenientes del mono, acto seguido nada le importó, se tiro al abordaje, como Prat, junto a sus veinte hombres hacia la masa humana que venia en contra, ya no tan decidida producto de sus precoces e importantes bajas.
La sangre no faltó a la cita, los gritos de dolor tampoco.
Desperté en la posta del penal con parte de una pierna amputada, la cara amoratada y todo lleno de cardenales rojos, verdes, azules y violetas, pero vivo, lamentablemente, vivo.
Algo que no acabo de comprender me empujaba a realizar las acciones más extrañas y raras que recuerde, mis ojos fritos recorriendo la anaranjada ciudad, ciudad llena de piedras y recovecos inhumanos, marcianos, intergalacticos... muchas veces me veía soñando con gente de otros tiempos y otras épocas, con fragmentos de mi pasada vida, pero no de la reencarnada sino de esta misma pero otra, que vivió otra persona, bajo el mismo Rut, el mismo nombre, en la misma casa , pero totalmente diferente, en un universo paralelo, en otro universo distante donde todo era igual, como cuando dentro del mismo mundo ves a dos perros de la misma raza y uno tiene meses y el otro yace en un recodo a punto de morir y, sin embargo, debajo de esas arrugas del perro viejo y moribundo atisbas a ver la cara de cachorro que algún día tuvo este casi miro casi muerto animal.
Mis sueños siempre rallaban en lo profano, y también en lo hermoso y en lo celestial. Tanta mezcolanza de valores arraigados, aprendidos, adquirido por disciplina o al azar o por casualidad y mala fortuna y la poca mala suerte y una serie de acontecimientos concatenados... A, B, C, D, E y todo un abecedario que se cruza por mi mente, y yo ahí, en medio de una isla, desvalido, sin ser capaz de pensar ni procesar cualquier cosa, por pequeña o infima que esta sea.
Otras veces soñaba que iba por la calle y deseaba a alguien; dentro de mis sueños se desataba el vendaval; una parte de mi ser me decía que estaba bien, que era natural; otra reprochaba al máximo mi actitud, no podía ser que un hombre como yo precisamente lo era, deseara a la mujer de otro. (¿porqué de otro, si ni siquiera sabia de donde provenia esa mujer? ¡¡ni siquiera la conocia!!)
Ahora todas esas cosas estan en el olvido, ahora violaría a un pendejo weon que entrará a la calle por primera vez y estuviese asustado, lo pondría a hacer "las cositas" a cambio de protección, vendería drogas, mataría de nuevo como tuve que matar al mono grande, ya los parametros establecidos en alguna época de mi vida se fueron al hoyo negro que inundó mis días, al tacho de la basura que alberga el estiercol de la ciudad, a ese mar inmenso de podredumbre y desechos tóxicos donde descansasn mis pensamientos.
Hace mucho tiempo que estaba esperando tal oportunidad, caminaba a paso lento y seguro por la avenida x , se detuvo un instante a esperar que la luz roja diese verde para seguir con su ya calmado y seguro paso (se preguntaba mientras mascaba la caluga que nena le había obsequiado, cual era el afán de los escritores de relatar siempre que si una persona caminaba con paso seguro, lo hacía lo más rápido y preciso posible), como un relojito, como el cobrador de los lunes, como la muerte; lenta pero segura, siempre lenta y latente, más siempre llegando a su objetivo, así era dagoberto no le importa tardar un año o veinte o tres días o cien años, da lo mismo al paso que vaya pensaba, siempre llegaré. como la muerte siempre encunetra el momento exacto, ese segundo en que fulano o mengano deja por cualquier razón, ¿qué importa?, de respirar y se vas para el otro lado, que no es más que un decir por que donde te vas es a este mismo lado, a la misma tierra, al lado de los gusanos, siempre a la misma tierra que viste y te vio crecer y que te vio también creer, mientras reía irónica y lloraba ambas destrucciones, la tuya y la de ella.
Cuando llegó finalmente a tomar la oportunidad que tanto estaba esperando, notó algo extraño… era que había dejado de ser esclavo de la situación que lo atormentaba y se le abrían las puertas de una vida nueva (me rio de lo ingenuo que es y será dagoberto algunas veces) que le reportarían frutos insospechados, lo más extraño de todo es que sentía que ya no era necesario tomar esta oportunidad sino que sólo necesitaba salir del agujero en el que se hallaba inmerso y tapado en barro hasta el cuello.
Pero… ¿Porqué prisionero? ¿Cuál es la causal que me lleva a definir la situación como prisionero? ¿Y de la casualidad?... lo cierto es que puedo caminar hacia donde se me antoje a vista y paciencia de mis deseos, el problema está en el mundo que me rodea y que me hace estar inmerso en un mundo equidistante que es muy difícil de sostener, cuantas noches he mirando las estrellas que ya no existen tratando de liberar mi cautiverio y, mi mente volando por los aires helados de este invierno aun puede decir: Dago, tú no eres prisionero de la casualidad, eres prisionero de las malditas circunstancias que te hicieron estar ahora en el lugar donde estas y en ningún otro, ni un paso más acá ni un paso tampoco más allá. Ahora, que las circunstancias sean regidas única y exclusivamente por la casualidad es harina de otro costal, porque de saco no hay que hablar, los sacos me cobijaban cuando pequeño, en momentos que en casa no habían sabanas y el único material que servia para taparse en la noches frías como estas era abrir los sacos de harina y coserlos de forma que no quedasen grandes divisiones para que durmieses de forma más confortable, de ahí que mi abuelo decía; ya me voy a ir a los sacos, pero como ya dije antes, eso es harina de otro costal, aquí estamos para que yo les trate de explicar como y cuando me hice cautivo de la casualidad que a todo esto, como ya os explique , no es más que las circunstancias llevadas por la mera casualidad.
Hasta donde se me permite recordar, la casualidad fue la que dio paso a mi vida, de ahí que se puede presumir o argüir, que todo lo relacionado con mi vida no es más que una mala broma o a lo sumo una broma casual, sin intención alguna de existir o sopesar, pero que sin embargo, esta presente, porque las casualidades distan mucho de ser incorpóreas, etéreas y por lo general están bien dotadas y no sólo puedes verlas a la distancia, sino también palparlas, saborearlas, olerlas e incluso escuchar los desagradables sonidos que hacen cuando irrumpen sobre la cotidiana tranquilidad.
Yo creo fehaciente en las casualidades, más pienso que las casualidades son perfectamente clasificables... por ejemplo dentro de las casualidades existen los más variados y disímiles formatos de esta; están las casualidades macros, que las conforman las casualidades malas y buenas, como también existen las micro casualidades, que son las lindas, feas, gordas, delgadas, y todos los demás adjetivos que se puedan imaginar.
En un plano extra sensorial se hallan las casualidades deseadas y las indeseadas, las cuales pueden resultar un verdadero y profundo dolor de cabeza y que por lo general terminan por achacar a las personas o circunstancias que las reciben no siempre de mala manera, pero nunca con una sonrisa por delante.
Al final de cuentas, reflexionaba el dago, las casualidades son una mierda y nada es casual.
Horas más tarde fue detenido y procesado por tráfico de estufacientes y posteriormente condenado a 3 años y un día.


